Rose abrió los ojos, sintiendo una repentina molestia por la claridad impoluta de la habitación en la que se encontraba. Estaba aturdida, mareada y extrañamente pesada. No le dolía nada. Le costó abrir los ojos del todo. Cuando lo hizo, se encontró a sí misma tendida, con una pierna vendada bajo las sábanas y rodeada de un cuchiheo constante al otro lado de la puerta. Estaba es un hospital... estaba...
De repente, los recuerdos se agolparon todos en su cabeza, de uno en uno. Los gritos, la sangre, los disparos, Fred... -No... ¡No!- gritó, saliendo de la cama en un acto rebelde contra su bienestar. Al poner los pies desnudos en el frío suelo, se resbaló y calló. Un dolor en la flexión del codo fue precedido por un goteo leve de sangre del mismo. El equipo de suero cayó junto a ella, casi golpeándole la cabeza. Se puso de pie como pudo, ignorante de sus finas prendas de ingreso, y abrió la puerta rápidamente. Allí fuera, en el pasillo del hospital, había enfermeras caminando de un lado para otro, ajetreadas. Tambien pudo observar a dos policías hablando entre ellos, justo antes de que la interceptaran.
-Señorita Walter ¡Se ha despertado! ¿Como ha llegado hasta aquí?- preguntó una enfermera que pasaba por allí.
-¿Donde... donde...?- preguntó con pesadez en la voz. Las piernas le temblaban. Casi no podía estar en pie.
-Está en Bella Angel, señorita Walter. Está bien. No corre ningún riesgo-
-¡No! ¿Donde están? ¿Donde están...?- preguntó histérica. El silencio de la enfermera la quebró por dentro. -¡¿Donde están?!-
-Por favor, tranquilícese... Vuelva a la cama y le contaremos todo lo que quiera saber.- Rose tragó saliva. Se miró el anillo de oro reluciente en su mano derecha y después, cedió. Volvió a la camilla, acompañada de la enfermera, quien recolocó la vía del suero en el brazo de la chica. No mostró queja alguna, a pesar de la rudeza del conducto.
-¿Donde está mi marido...? ¿Donde están mis padres...? ¿Donde están todos...?-
Por el ojo de buey de la puerta, pudo observarse como Rose paso del estado de incredulidad, al de auténtica locura. Gritó, lloró, pataleó y se negó a creerse la suerte que su familia había corrido. Lloró durante incansables horas, no dejó que ningún policía entrarse para tomar testimonio, que ningún familiar o vecino la visitase. Nadie. No quería ver a nadie. No estaba bien... ni se iba a recuperar.
La ciudad seguía conmocionada por lo ocurrido. La policía no dejaba de visitar diariamente el hospital Bella Angel para intentar interrogar a los poquísimos invitados vivos de aquella masacre, quienes cada vez eran menos. Uno o dos al día acababan muriendo por las terribles heridas. Rose lo sabía, las enfermeras se lo confesaban, pero ya no le quedaban más gotas que derramar para ellos. Era ella la única superviviente que aún parecía superar el día a día , pues pasaba los días de su lenta recuperación externa sedada, callada y sobretodo, mayormente dormida. Cuando despertaba, las enfermeras le llevaban agua inmediatamente para hidratarse y examinaban su estado, pues una evolución se empezó a percibir en ella, y es que chica se mostraba impasible. No hablaba, no lloraba, apenas pestañeaba. Su mente estaba perdida en un mar de sangre, gritos y balas. Las horas pasaban largas, incalculables para ella. Sólo oía y veía pasar a las enfermeras de un lado a otro, visitándola de vez en cuando para controlar que estuviese bien y cambiarle las vendas. La herida de la pierna dolía y ardía como el infierno.
Fue aproximadamente al atardecer, cuando por fin recibió una visita que no era en absoluto esperada, ni tampoco precisamente deseada. Esperando ver a una enfermera entrar o a uno de esos policías pesados que solo querían interrogarla una y otra vez, un hombre vestido con unos pantalones y chaleco beige sobre una camisa blanca y un sombrero del mismo color que la chaqueta entró en la habitación, cerrando la puerta tras de sí. No contento con aquel encierro, colocó una de las sillas para invitados bajo el pomo, bloqueando la puerta. Rose se alertó al ver aquellas acciones. ¿Y sí...? -Eh...-
-Rose Walter ¿No es así?-
-¿Quien es usted?-
-Perdone mi entrada, pero estas cosas son más que necesarias para que no estropeen mi trabajo. Soy William Cross. Soy detective, pero no trabajo de lado de la policía.-
-Mire, señor Cross. Lo que sé ya se lo he contado a esos que están ahí fuera. Y si viene, como todos, a cuestionar la reputación de mi marido, puede irse por donde a venido. Frederick no era ningún criminal-
-Lo siento, señorita Walter, yo...-
-Señora- le corrigió. Llevaba el aniño de bodas. Se había casado. Sólo era... viuda-
-Es cierto, señora Walter... Bell. Mi mas sentido pésame por la pérdida de... bueno...- Aquel detective, William, estaba nervioso. Parecía tener prisa. No atinaba con las palabras. Rose se mantuvo en silencio, impasible. -Créame cuando le digo que no vengo ni a interrogarla ni a cuestionarla-
-Entonces ¿Que quiere?-
-Quiero hablar con usted sin que se entere la policía. Mucho me temo que... La Mano Negra actúa sobre ellos-
-La Mano Negra... Oiga... No estoy para tonterías-
-No es ninguna tontería. Mire- el hombre buscó en el bolsillo interior de su chaqueta, extrayendo una placa identificativa que le atribuía un puesto dentro del cuerpo de seguridad.-
-Pero si me ha dicho que usted y la policía no...-
-La policía y yo no trabajamos mano a mano porque está comprada, Rose- dijo de forma seria. Llamarla por su nombre, hizo que la chica prestase más atención a los ojos claros del hombre. -Me enteré de lo que sucedió en su boda apenas unas horas después de lo acontecido. Mientras la policía busca pistas... yo he buscado al culpable principal- al oír eso, Rose abrió los ojos más de la cuenta -Morgan Drake. Creo... creo que es él el culpable. Verá. Llevo investigando a ese hombre durante años. Es un tipo solitario, ahogado en cantidades inmensas de dinero. Aparece en los registros mercantiles como dueños de empresas de... naturaleza cuestionable a las que me atrevo a tachar como tapaderas. No es muy conocido, es posible que nunca haya escuchado su nombre y eso es... extraño para alguien tan poderoso como él. Llevo tiempo sospechando que es cabeza de una de las organizaciones criminales de Diamond Bay, puesto que su nombre nunca resulta manchado-
-Espere... espere...- Rose se acarició la sien. William hablaba deprisa, nervioso. En su frente, se apreciaban gotas de sudor. Y eso, con la información recibida, hacía que a la chica le doliese la cabeza. -¿Me está diciendo que hay un sospechoso... y que no está entre rejas?-
De repente, se hizo ruído al otro lado de la puerta. Alguien, presumiblemente una enfermera, tenía intenciones de entrar.
-¿Rose? ¿Rose? ¿Está usted ahí?- Tanto la chica como William, guardaron silencio. Ambos se miraron. El hombre profirió una mirada suplicante... y Rose decidió callar. -Si no abre la puerta, mucho me temo que tendré que llamar a alguien de seguridad. ¿Rose? ¡¿Rose?!... Ahg... ¿Por qué siempre me tocan a mi los pacientes mas complicados?- y tras decir aquello, se marchó. William suspiró enormemente aliviado.
-No me queda mucho tiempo. Si Morgan no está ya en la cárcel más oscura, pudriéndose, es porque no tengo pruebas que lo incriminen... pero sí indicios. Sospecho sobre la culpabilidad de Morgan porque el día de su boda, la mansión en la que Drake residía, ardió hasta los cimientos. No hubo noticias sobre ello, pareciera que hay un complot en que, una vez más, no se haga eco de su apellido. Y es extraño, Rose. Un hombre como él siempre iba custodiado por guardaespaldas... y ahora está en este mismo hospital, ingresado, solo, sin visitas y con heridas que según las enfermeras, nada tienen que ver con las provocadas en un incendio. Ha sucedido algo. A priori parece no tener conexión, pero estoy seguro de que la hay.-
-Pero no deja de ser una sospecha, entonces-
-Una sospecha de años de investigación.-
-Entonces... ¿Qué quiere de mi?-
-Colaboración-
-Ya le he dicho que he contado todo lo que sé. Apenas recuerdo nada... sólo... sólo que fueron muchos y no les vi llegar-
-No me refiero a ese tipo de colaboración. Rose, lo que le voy a pedir es serio. De verdad. Puede rechazarlo, mandarme a la calle y denunciarme si es lo que le place al oírme. Pero en ese caso y si mis pesquisas son ciertas, saldríamos perdiendo los dos.
-¿Qué quiere?-
-Rose ¿Quiere venganza?- La chica tragó saliva tras aquellas palabras. Venganza. La palabra con la que llevaba soñado incluso cuando la sedaban. Esa sed, esa rabia, esa impotencia, ese deseo...
-Por supuesto-
-¿Y hasta donde estaría dispuesta a llegar para conseguirla?-
-Hasta donde sea- contestó con frialdad y ojos húmedos, pero sin derramar lágrima alguna.
-Lo único que necesito son pruebas. Pruebas que demuestren de una vez por todas quienes son Morgan y sus hombres y en que mierdas se han metido todo este tiempo. Y créeme, llevo años buscando esas pruebas pero quizá por ser yo no las encuentro. Es un tipo demasiado distante y desconfiado. Necesito a alguien que no esté comprado, que colabore conmigo, que indague en ese hombre. Por eso he venido a verla.
-¿Indagar...? ¿Como?-
-Siendo su compañía. Una... mujer de compañía- aquellas palabras sonaron frias sobre Rose, que no supo que decir -Le dije que era serio-
-¿Se refiere a una prostituta?-
-No exactamente. Una escort. Una compañía remunerada que no implica relaciones intimas si no se desean. Es la única forma que encuentro de poder acercarse a un cabeza de mafia. No se relacionan con nadie, sólo con la Familia.-
-Pero...-
-Si acepta hacerse pasar por una escort, podrá sonsacarle cualquier detalle ganandose su confianza. Sonsacárselo o... encontrarlo usted misma. Si le ofrezco esto, no es solo por mí. Le doy la oportunidad de acabar usted misma con la organización. No quiero arrestarlos. Quiero saber nombres y apellidos de cada uno de los integrantes y, cuando los tenga, usted tendrá un arma. Podrá vengarse. Podrá cobrarse la vida de su esposo y familia.- Rose volvió a tragar saliva. Era demasiado... tentador -Yo le procuraré protección. Encubriré sus movimientos. Tengo poder para hacerlo, aún.
-No me queda mucho tiempo. Si Morgan no está ya en la cárcel más oscura, pudriéndose, es porque no tengo pruebas que lo incriminen... pero sí indicios. Sospecho sobre la culpabilidad de Morgan porque el día de su boda, la mansión en la que Drake residía, ardió hasta los cimientos. No hubo noticias sobre ello, pareciera que hay un complot en que, una vez más, no se haga eco de su apellido. Y es extraño, Rose. Un hombre como él siempre iba custodiado por guardaespaldas... y ahora está en este mismo hospital, ingresado, solo, sin visitas y con heridas que según las enfermeras, nada tienen que ver con las provocadas en un incendio. Ha sucedido algo. A priori parece no tener conexión, pero estoy seguro de que la hay.-
-Pero no deja de ser una sospecha, entonces-
-Una sospecha de años de investigación.-
-Entonces... ¿Qué quiere de mi?-
-Colaboración-
-Ya le he dicho que he contado todo lo que sé. Apenas recuerdo nada... sólo... sólo que fueron muchos y no les vi llegar-
-No me refiero a ese tipo de colaboración. Rose, lo que le voy a pedir es serio. De verdad. Puede rechazarlo, mandarme a la calle y denunciarme si es lo que le place al oírme. Pero en ese caso y si mis pesquisas son ciertas, saldríamos perdiendo los dos.
-¿Qué quiere?-
-Rose ¿Quiere venganza?- La chica tragó saliva tras aquellas palabras. Venganza. La palabra con la que llevaba soñado incluso cuando la sedaban. Esa sed, esa rabia, esa impotencia, ese deseo...
-Por supuesto-
-¿Y hasta donde estaría dispuesta a llegar para conseguirla?-
-Hasta donde sea- contestó con frialdad y ojos húmedos, pero sin derramar lágrima alguna.
-Lo único que necesito son pruebas. Pruebas que demuestren de una vez por todas quienes son Morgan y sus hombres y en que mierdas se han metido todo este tiempo. Y créeme, llevo años buscando esas pruebas pero quizá por ser yo no las encuentro. Es un tipo demasiado distante y desconfiado. Necesito a alguien que no esté comprado, que colabore conmigo, que indague en ese hombre. Por eso he venido a verla.
-¿Indagar...? ¿Como?-
-Siendo su compañía. Una... mujer de compañía- aquellas palabras sonaron frias sobre Rose, que no supo que decir -Le dije que era serio-
-¿Se refiere a una prostituta?-
-No exactamente. Una escort. Una compañía remunerada que no implica relaciones intimas si no se desean. Es la única forma que encuentro de poder acercarse a un cabeza de mafia. No se relacionan con nadie, sólo con la Familia.-
-Pero...-
-Si acepta hacerse pasar por una escort, podrá sonsacarle cualquier detalle ganandose su confianza. Sonsacárselo o... encontrarlo usted misma. Si le ofrezco esto, no es solo por mí. Le doy la oportunidad de acabar usted misma con la organización. No quiero arrestarlos. Quiero saber nombres y apellidos de cada uno de los integrantes y, cuando los tenga, usted tendrá un arma. Podrá vengarse. Podrá cobrarse la vida de su esposo y familia.- Rose volvió a tragar saliva. Era demasiado... tentador -Yo le procuraré protección. Encubriré sus movimientos. Tengo poder para hacerlo, aún.
-Me está pidiendo que sea la puta acompañante del posible asesino de mi marido ¿Es consciente...?-
-Le estoy pidiendo una forma de hacer que paguen, Rose. Yo la utilizo y usted me utiliza. Esos hijos de puta tienen que pagar por lo que han hecho. Pero no veo forma de actuar ya que no sea esta. Pagarles con sus propios actos.- la miró fríamente -No acepte si no quiere. Es su decisión. Su vida. Pero si es él, si es Morgan... no tengo pruebas-
-Está bien- dijo de repente, convencida.
-¿Está segura?-
-¿Qué me queda? Una casa vacía, una vida sola... una rotura... No voy a perder nada importante si lo intento- expresó con determinación. Rose estaba quieta, tensa, con una mirada cargada de odio. Casi daba escalofríos observarla.
-En ese caso, Rose... somos socios. No le comente nada de esto a la policía, por favor. Tome esto- volvió a rebuscar entre sus bolsillos hasta que descubrió una pulcra tarjeta, la cual le cedió. Tenía un logo propio, de un departamento privado. -Es mi dirección y mi número de contacto- aclaró -Y si le da la vuelta, verá a lápiz otra dirección. Son los apartamentos Sullyvan. Si usted va y le dice al encargado que viene de parte de Crossy, le cederá apartamento sin coste por si se siente incomoda en su propia casa o necesita un lugar más seguro- Dicho aquello, William se recolocó inútilmente la ropa, dispuesto a irse -No me queda tiempo, Rose. Si me encuentran aquí...-
-Espere...- Ambos se miraron por un instante a los ojos -¿Que gana con esto?-
-Justicia- La solemnidad y la determinación con la que William pronunció la palabra, inspiró a Rose cierta confianza que pensaba no volver a recuperar. Quizá... un hilo de esperanza. -Espero que se recupere, Rose. Cuando esté lista, venga a verme. Recuerde que siempre la ayudaré. Voy a ser su sombra en esto. Quédese completamente segura de ello.- Sin decir más, desencajó la puerta y desapareció.
Al rato, llegó la enfermera con un policia a la habitación. Ambos se encontraron la puerta abierta. La enfermera no supo que decir y Rose, siguió con su imagen fría y quieta, callada. La escena fue ridícula.
Cuando la dejaron tranquila, la chica se acomodó sobre la cama. Observó su anillo, intentando no imaginar demasiado donde debía encontrarse en aquel momento su gemelo. Cerró los ojos e intentó serenarse. No podía estar tranquila si, siendo de verdad el culpable Morgan, éste se encontraba en el mismo hospital. No iba a poder dormir con tranquilidad.
-Le estoy pidiendo una forma de hacer que paguen, Rose. Yo la utilizo y usted me utiliza. Esos hijos de puta tienen que pagar por lo que han hecho. Pero no veo forma de actuar ya que no sea esta. Pagarles con sus propios actos.- la miró fríamente -No acepte si no quiere. Es su decisión. Su vida. Pero si es él, si es Morgan... no tengo pruebas-
-Está bien- dijo de repente, convencida.
-¿Está segura?-
-¿Qué me queda? Una casa vacía, una vida sola... una rotura... No voy a perder nada importante si lo intento- expresó con determinación. Rose estaba quieta, tensa, con una mirada cargada de odio. Casi daba escalofríos observarla.
-En ese caso, Rose... somos socios. No le comente nada de esto a la policía, por favor. Tome esto- volvió a rebuscar entre sus bolsillos hasta que descubrió una pulcra tarjeta, la cual le cedió. Tenía un logo propio, de un departamento privado. -Es mi dirección y mi número de contacto- aclaró -Y si le da la vuelta, verá a lápiz otra dirección. Son los apartamentos Sullyvan. Si usted va y le dice al encargado que viene de parte de Crossy, le cederá apartamento sin coste por si se siente incomoda en su propia casa o necesita un lugar más seguro- Dicho aquello, William se recolocó inútilmente la ropa, dispuesto a irse -No me queda tiempo, Rose. Si me encuentran aquí...-
-Espere...- Ambos se miraron por un instante a los ojos -¿Que gana con esto?-
-Justicia- La solemnidad y la determinación con la que William pronunció la palabra, inspiró a Rose cierta confianza que pensaba no volver a recuperar. Quizá... un hilo de esperanza. -Espero que se recupere, Rose. Cuando esté lista, venga a verme. Recuerde que siempre la ayudaré. Voy a ser su sombra en esto. Quédese completamente segura de ello.- Sin decir más, desencajó la puerta y desapareció.
Al rato, llegó la enfermera con un policia a la habitación. Ambos se encontraron la puerta abierta. La enfermera no supo que decir y Rose, siguió con su imagen fría y quieta, callada. La escena fue ridícula.
Cuando la dejaron tranquila, la chica se acomodó sobre la cama. Observó su anillo, intentando no imaginar demasiado donde debía encontrarse en aquel momento su gemelo. Cerró los ojos e intentó serenarse. No podía estar tranquila si, siendo de verdad el culpable Morgan, éste se encontraba en el mismo hospital. No iba a poder dormir con tranquilidad.