[Light of the Seven - Short version]
A ojos de un artista, el dramatismo de la escena que comenzó a plasmarse en el ambiente, podría haber resultado incluso hermoso, trágicamente hermoso. Las cristaleras de la iglesia comenzaron a saltar en pedazos conforme las balas las atravesaban. La poca música que quedaba en el ambiente fue silenciada por gritos de terror y sollozos de los presentes. La estupefacción no dejó lugar a la alegría, que se esfumó con la velocidad de los proyectiles impactando en el cuerpo de los presentes. Era una lluvia infernal, pues provenían de todas partes. Desde el exterior tenían la iglesia completamente rodeada. A pesar de los alaridos, el oido afinado podía escuchar el constante restallido de los rifles que bombardeaban la zona. Un constante traqueteo, chasquidos de muerte y dolor. Fuego y acero que derramaba la sangre de todo cuanto ser querido conocía la inocente Rose. Primero vio caer a los invitados. Intentaban refugiarse y fue en vano. Tras ella, horrorizada contemplando la masacre que se le hizo eterna a pesar de durar unos rápidos y veloces segundos, se derribó el sacerdote que la enlazó al que debía de ser su marido ante los ojos de Dios, por los siglos de los siglos, inseparables por el hombre. Qué ironía, pues era la mano del hombre quien le arrancaba cada pedacito de su alma que había en esa ceremonia. Sobre el altar cayó el cuerpo del cura, tiñendo de sangre la sacra y pulcra tela blanca que cubría la mesa, en la que estaba el vino y las obleas, que se mezclaron con la sangría. Rose apenas si llegó a reaccionar para esconderse de aquel altercado, pero un dolorosísimo y punzante tremor le alcanzó en el muslo, haciéndola caer con un alarido. Cayó contra el mismo altar sin embargo, golpeándose fuertemente la espalda y la cabeza. Los sonidos se amortiguaron como si se hubiese sumergido bajo un oceano oscuro y lleno de desesperanza. La visión se le nublaba y en sus oidos comenzó a silbar un pitido incesante que no la dejaba oir nada, ni siquiera las voces de auxilio y los estruendosos disparos que no cesaban pese a que la mayoría de los presentes se encontraban derramados por doquier, empapados en sangre. A su lado, pudo ver, estaba Frederick, su amado Frederick. El hombre extendía una mano sanguinolienta mientras pronunciaba el nombre de su mujer -Rose...- intentaba alzar la voz, pero era inútil. De su pecho brotaban hilos de sangre que se esparcían por el terreno de la iglesia. Rose alargó por el igual la mano. Faltaba poco, muy poco, para que sus dedos se pudieran encontrar. Pero entonces fue cuando la chica se percató de que unas pisadas se acercaban, unos zapatos oscuros, pantalones oscuros... y una mano que sostenía un arma. Una elegante pistola, tan llamativa como el anillo que llevaba en la mano, dorado, imponente, con una D en forma de dragón. Intentó verle la cara, pero era imposible, demasiado borroso, demasiado dolor... y Fred seguía llamándola, aunque apenas oía su voz. Aquel que sostenía la pistola encañonó directamente a Fred en la cabeza. Dijo algo. Rose podría jurar que dijo algo, que no llegó a oir con claridad. Entonces el martillo de la pistola se deslizó contra el cañón, deslizándose la corredera hacia atrás a la vez que la bala salía con un fogonazo del cañón, impactando de lleno contra la cabeza de Fred. Una, dos, tres balas en las sienes. La visión de Rose se empañó de lágrimas mientras perdía la luz que le permitía ver. El corazón se le hacía pequeño en el pecho. Desapareció el dolor de la pierna. Desapareció el mundo cuando perdió el conocimiento.
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Durante el resto del día y la noche, aquella escena fue el mayor centro de atención que Diamond Bay había tenido en décadas. Era la primera vez, según decía la policía a la prensa, que se registraba u na masacre de tamaña magnitud. No tardaron en aparecer rumores y noticias en cuanto se comenzaron a identificar los cadáveres. La familia Bell, asesinada prácticamente por completo en la boda del primogénito de la siguiente generación, Frederick Bell, comenzó a ser asociada con la mafia, el crimen organizado y el contrabando. La empresa que hacía a la familia beneficiaria de una saludable cantidad de dinero fue investigada y prácticamente requisada y despojada de todo prestigio en cuestión de horas al enterarse los socios de todo lo ocurrido, queriéndose desvicular de cualquier raiz pútrida que viniese de las manos ensangrentadas de los culpables de aquel altercado. No hubo una sola persona, ni una sola persona que no se enterase de lo ocurrido, salvo Morgan y Hana. Padre e hja habían pasado el día fuera de Diamond Bay, cumpliendo el deseo de la joven. A la chica le apetecía pasar aquel día de principios de verano en el mar y así lo procuró su padre, en el barco de la familia. Pescaron, se bañaron y disfrutaron de la compañía mutua mientras que el peso de la Familia había caido sobre los hombros de Jack, encargado de solucionar cualquier problema y de cumplir cualquier deuda de la forma más rápida posible, aunque incluyese sangre. Morgan no sabría, hasta su regreso al caer el sol, el grandísimo error que había cometido en confiar en otra persona los asuntos de la Familia. Fue así, cuando desembarcaron con el sol bajo en el horizonte, cuando Morgan sintió un extraño escalofrío al volver a la mansión. El ambiente estaba completamente enrarecido. Los soldados le miraban con frialdad, le ignoraban en mayor medida, incluso a la joven Hana. Había frialdad y desdén. Había preocupación y miedo. Había ira. Morgan no tardó en fruncir el ceño. Lo descubrió todo en cuanto dejó a Hana marchar a su habitación para bañarse y quitarse el salitre de la piel. Jack apareció acompañado de dos soldados mientras Morgan se servía una copa de whiskey, bastante cortita, en su despacho. Miraba a través de un gran ventanal que le daba acceso total a una visión casi periférica de la hermosa Diamond Bay, aunque hasta la ciudad parecía ensombrecida -¿Has leido los periódicos de hoy, Morgan?- preguntó Jack desde la puerta
-Sí- asintió el Don, dando un sorbo al whiskey. Los hielos tintineaban unos con otros -¿Ha ocurrido algo, no?-
-Si los has leido deberías saberlo-
-En el periódico no decían nada-
-Me refiero al de la tarde-
-¿Han sacado una edición esta tarde? ¿Qué clase de sombra planea sobre esta ciudad?-
-Leelo tú mismo- Jack arrojó el periódico sobre la mesa. Morgan lo tomó con celeridad y procedió a leer. Estaba en primera plana. La Boda Negra de la Iglesia San Sabine
-¿Qué...?-
-La comisión está que arde- dijo Jack, cruzando las manos tras la espalda
-¿Esto es obra tuya?-
-No, es obra tuya-
-¿¡De qué cojones me estás hablando!?- Morgan arrojó el periódico al suelo y dejó el vaso sobre la mesa de mala gana -¿¡Obra mía!? No he estado en todo el día en la ciudad-
-Pero fueron tus órdenes-
-Sandeces- le señaló Morgan -Te has metido en un buen lío Jackie, porque no es mi responsabilidad. Los federales te van a comer vivo por esto que has hecho- Jack sonrió, quitándose el anillo del dedo
-¿Tú crees?- lo dejó sobre la mesa con cuidado y Morgan lo recogió ipso facto -Llevando ese anillo, soy tú. Esa eran las normas de la Familia ¿No? Actuar según tus designios. Según tus órdenes. Quien lleva ese anillo es Morgan Drake- Morgan frunció el ceño -Te dije que había otro asunto que atender, pero preferías pasar el rato jugando a las casitas con Hana. Ordenaste que todo se llevara a cabo rápido y eficaz, sin complicaciones. Henry Bell y su hijo Frederick nos debían un préstamo, algo pequeño realmente, pero tus designios era saldar cuentas rápido aunque eso significase sangre- comentó con desdén, medio sonriente
-Maldita sea Jackie, no me refería a eso- gruñó Morgan -¡No a masacrar a toda una familia el día de una boda! ¡JODER!- golpeó la mesa
-Lo siento Morgan, pero me temo que debemos encontrar una rápida solución. Los ancianos de la Comisión saben que ha sido una obra de la Familia y nos quieren a todos muertos. No tardarán en llegar ¿Sabes? Ajustarán cuentas por poner a las fuerzas de la ley con el ojo encima de nuestros negocios-
-Espera... no hace falta entrar en pánico- se llevó una mano a la cabeza y suspiró -A ver... haré unas llamadas. Quizá el viejo Salvatore puede escuchar y aclararemos lo sucedido- acudió veloz al teléfono pero Jack se adelantó y lo obligó a colgar el auricular. Ambos cruzaron una mirada
-Es demasiado tarde Morgan. Me temo que estás marcado. La única forma de salir de esta es arrancando las malas hierbas para obtener una nueva oportunidad-
-¿Qué quieres decir?-
-Lo siento Morgan- sonrió Jack -Pero la Familia, está por encima de todo. Hasta por encima de nuestra propia sangre-
[Rolling Stones - Paint it black]
Desde el piso de arriba, se oyó un grito. Hana. Morgan trató de adelantarse hacia la puerta, pero fue interceptado por los seguidores de Jack. Entre ambos lo arrojaron al suelo y comenzaron a patearle con fuerza mientras Jack encendía un mechero y comenzaba a prender fuego a cada libro, cada fotografía, cada pertenencia de Morgan en su despacho. El fuego no tardó en ascender y el humo se hizo con el lugar. Luego de la paliza, los hombres levantaron a Morgan y lo arrastraron hasta el hall de la entrada, donde el hombre pudo ver lo que estaba pasando. No hubo disparos, pero había fuego. La mansión estaba ardiendo. Los criados y criadas estaban siendo arrastrados hasta el mismo lugar, todos muertos por degollamiento o apuñalamiento. El último fue Lawrence, a quien arrodillaron ante Morgan -Para...- suplicó Morgan -¡Jackie...!- pero Jack simplemente asintió, dando la orden. Un secuaz de éste clavó con fuerza un cuchillo en el gaznate del viejo Lawrence y lo degolló hasta abrirle la garganta. El hombre cayó muerto con pesadez en el suelo -No tienes ni idea de lo que estás haciendo...-
-Oh, sí que lo sé. Salvar la vida. La mía y la de mis hombres. Salvar esta Familia, el futuro de la misma y a la Comisión- se inclinó con cuidado ante Morgan -Con tu muerte y la de todo seguidor tuyo, los viejos se darán por contentos ¿Sabes? Me permitirán crecer y reforjar esta Familia desde las cenizas de la tuya. Será una nueva era- rió -Una era donde las cosas se hagan bien. Te aseguro que yo no acumularé deudas que luego se deban saldar con sangre... y no cometeré tampoco el error de ceder el poder de decidir en mi nombre a otra persona- chasqueó los dedos. Por la escalera bajaba Hana, llorando y chillando. Estaba empapada. A través de su camisoncillo se transparentaba casi por completo el contorno de sus jóvenes pechos
-¡HANA!- vociferó Morgan -Te juro, mocoso, que si le haces el menor daño...-
-¿Es miedo eso que oigo en tu voz, Morgan?- empezó a reir -No hace mucho alguien me dijo que el miedo era la mejor arma, además de explicarme cómo utilizarlo... ¿Cómo era...? Ah, sí, la desesperación, el pequeño resquicio de luz que permite pensar que tienes una oportunidad de salir ileso, de salvarte. Ese es el mayor punto de sufrimiento ¿No es así?-
-Hijo de puta... ¡HIJO DE PUTA!-
-Sí, sí, sí...- hizo un gesto con la cabeza -Es una bonita noche para ver las estrellas desde el acantilado. Vamos con ellos- las órdenes de Jack se cumplieron tal y como decía. Morgan y Hana fueron arrastrados hasta el acantilado tras la mansión. Allí el viento se sentía más fuerte, cálido, veraniego. Hana sin embargo tenía frío por estar húmeda de la ducha. Morgan fue el primero, alineado justo en el precipicio, desarmado y ensangrentado -Bueno, hasta aquí llegamos- dijo Jack. Hana lloraba desconsolada -Tranquila cielo, eh, eh, tranquila...- la tomó del brazo y la atrajo hacia sí. La abrazó. La chica estaba tan estupefacta que ni trató de apartarse. Jack acercó la mano hasta el trasero de la chica y apretó una de sus nalgas -Ssshhh... tranquila...-
-¡QUÍTALE LA MANO DE ENCIMA!- uno de los secuaces de Jack, armado con una palanca, golpeó con fuerza la rodilla derecha de Morgan. Casi se oyó el crujido. El hombre cayó al suelo derrotado y dolorido. No podía mover la pierna a penas
-Tranquilo Morgan, me ocuparé de que no llore por las noches y no pase frío. Cuidaré de ella en tu lugar- sonrió -O no. Lo dejaré a tu elección, en tu cabecita. Quiero que sientas un poco ese dolor mientras mueres. La agonía y el sufrimiento de saber que hay una posibilidad de salvar el pellejo y de salvarla a ella- dejó a Hana a un secuaz y se acercó a Morgan mientras otros dos lo levantaban -Te aseguro que no la mataré... esta noche-
-¿Por qué... has hecho esto...?- su voz estaba cargada de veneno
-¿Por qué? Mmmm... es una buena pregunta- se rascó la barba -Déjame decirte que... en principio... es por ambición- sonrió -Sí, no tengo ningún motivo personal... no mataste a mis padres, ni he de vengar a una amada que murió por tu culpa. Es pura ambición. Es el deseo realizado de un aprendiz. Superar al maestro. Seré más grande que tú y cuidaré mejor de los míos de lo que tú has hecho. Eres blando, Drake. Eres cruel y sanguinario cuando te tocan esa pollita que tienes, pero no dejas de tener un lado blando por culpa de tu hija. La Familia necesita un líder más fuerte-
-Te juro aquí y ahora Jack...- apretó la mandíbula -Que aunque no sea hoy... llegará el día en que no volverás a ver la luz del sol...-
-Ya lo sé. Todos morimos algún día. Es una lástima para ti que no estarás para verme en esos últimos momentos. Adiós Morgan, estos años a tu lado han sido muy... instructivos- chasqueó los dedos y permitió que los secuaces arrojaran a Morgan por el acantilado, hacia el mar y las rocas. Hana gritó de terror, pesar y desesperación -Tranquila tesoro, no tienes nada que temer. Tío Jackie está aquí para acompañarte y cuidarte de las pesadillas...- se echó a reir.
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