martes, 8 de agosto de 2017

El sol se estaba poniendo como de costumbre, bañando el cielo de Diamond Bay City de tonos rojizos y anaranjados sobre un fondo azul celeste. Para Morgan, que observaba desde el asiento de atrás de su coche oscuro, era como ver una eterna batalla entre el fuego y el hielo. Estremecedor, solía pensar, pero extrañamente reconfortante, sobre todo cuando por fin regresaba a su casa. Morgan Drake vivía un poco más allá del barrio rico de Lightshine, en una colina, cerca de un acantilado con una maravillosa vista a la bahía y la ciudad. Allí, como cada tarde, le esperaba Hana, su hermosa y dulce Hana, su querida hija. Era una bendición dejar de lado todos esos encuentros con tipos trajeados y corbatas horteras para poder verla, hablar con ella, reir e intercambiar historias adecuadas para la joven, que no era ya tan niña, pero a la que quería proteger de la clase de vida que la familia Drake había estado llevando en los últimos años. Se podía decir que fue Norman Draken, el padre de Morgan, quien inició a la familia en los juegos sombríos, como él los llamaba. Morgan era un niño cuando ya veía que su padre se encerraba en una habitación para hablar con varios hombres, todos muy distintos. Cuando pasaban los días, Norman siempre regresaba con grandes sumas de dinero, sin ser una especie de sueldo fijo. Las ganancias familiares crecieron enormemente y no tardaron en hacerse ricos. No fue hasta años más tarde, en su adolescencia, cuando Morgan entendió lo que ocurría, la clase de negocios oscuros en los que su padre se había metido... y cuando los asumió como su estilo de vida y su futuro. Ya desde joven era un chico determinado, incluso se dejó llevar demasiado por las influencias. No tardó nada en adaptar sus modales al ser un llamado gangster. Extorsionar, robar, interrogar... se volvieron sus fuertes. Aprendió a amar el factor del miedo. A utilizarlo contra cualquiera que considerase su enemigo. Ese fue el punto que quizá desvió al chico que era Morgan Drake, amable, educado y trabajador, hacia un hombre al que se podía llamar cruel, sátiro y despreocupado de todo bienestar que no fuese el suyo y el de su hija. Tanto fue así que voluntariamente participó en la Guerra de todas las Guerras hasta el 18. Sobrevivir fue un milagro, lo sabía bien, y no por ello trajo menos cicatrices y traumas. Aún así, le endureció mucho más de lo que jamás habría imaginado y lo convirtió en alguien mucho más peligroso a su regreso. Para entonces su hija ya era una hermosa nenita de 7 años, a la que vio crecer hasta los actuales 14. Tristemente la madre de Hana falleció poco después del regreso de Morgan de la guerra y el hombre se consagró al bienestar de la joven, a la que no le faltaba absolutamente nada. Ni siquiera el más diminuto beso de buenas noches.

Los pensamientos del hombre siempre estaban en ella, incluso abriendo por fin la puerta de su propia casa, que no era otra cosa que una bonita mansión de paredes blancas y cortinas blancas. Fue recibido por su incansable y fiel mayordomo, Lawrence, un hombre de color de edad similar a la del propio Morgan
-Señor Drake- saludó educado el sirviente -La señorita Hana le estaba llamando
-Mucho me temo Lawrence que si no he asistido antes es porque no me hallaba aquí- sonrió burlón
-Es evidente- le devolvió la sonrisa el criado -¿Ha tenido usted una buena tarde?-
-Podrían ser mejores- se quitó con cuidado un anillo que llevaba en la mano derecha. Un sello de oro con una D, inicial de la familia Drake, con una curiosa forma que recuerda a un dragón. Estaba manchado de sangre -Límpiame el anillo y desinféctalo, por favor-
-Claro- asintió Lawrence tomándolo con cuidado y marchándose, dejando a Morgan subir las escaleras del hall principal hacia las habitaciones donde pretendía ver a su hija
-Morgan- llamó una voz desde abajo. El Don se giró para mirar hacia la base de las escaleras, donde estaba Jack, su lugarteniente
-¿Qué pasa Jackie?- sonrió
-Tenemos que hablar. Cierto amigo de la Familia tiene unas ideas revolucionarias sobre cómo y cuando debe pagarnos el dinero que te debe- dijo serio, colocándose el sombrero sobre la cabeza
-¿Quién es ese emprendedor?-
-Wallace-
-Ooh... ¿El anciano?- Jack asintió -Maldita sea...- se rascó la barbilla
-¿Preparo el coche?-
-Acabo de llegar Jackie...-
-No podemos tolerar que nos ninguneen de esta manera ¿O sí? Eres el Don, tú eliges. Pero como consejero y amigo, quiero expresar que me siento ofendido por el hecho de que un viejo quiera imponer sus normas a nuestra Familia-
-Lo sé, Jackie, lo sé- asintió -Sé lo que nos jugamos si permitimos que una sola cucaracha ronde por nuestro jardín. Pondrá huevos y tarde o temprano tendremos una infestación-
-Exactamente- asintió convencido Jack
-Prepara el coche... Antes voy a ir a ver a Hana-
-En seguida- Jack asintió y se marchó al exterior.

En la habitación, la joven estaba leyendo un libro tumbada sobre la cama, ya en camisón. Cuando se abrió la puerta tras tres golpecitos, la chica se levantó casi como un resorte para taparse, pero al ver a su padre, se relajó -Padre- sonrió alegremente -Por fin en casa ¿Vas a quedarte hoy verdad?- se levantó para darle un fuerte abrazo que Morgan correspondió cargado de amor y ternura
-Lo siento cielo-
-¿¡Qué!?- frunció el ceño la chica -¿¡Otra vez!? ¿¡Habrá algún día en que pueda estar contigo una noche tranquila!?-
-Hana... escúchame- su hija se sentó en la cama, malhumorada -Ya sabes que el trabajo de tu padre es algo duro, requiere mucha atención, concentración y...-
-Tiempo- concluyó la niña suspirando
-Tiempo, eso es- le acarició los cabellos -Espero que puedas entenderlo...-
-¿No puedes tomarte unas vacaciones?-
-Eso quisiera- sonrió -Eso quisiera, de verdad- le dio un suave beso en la frente -Pero si me tomo unas vacaciones, mucho me temo que en cuestión de horas perderiamos hasta el blanco de los dientes-
-Estoy segura de que el tío Jackie puede ocuparse-
-¿Tú crees?- rió Morgan -Quizá eso sería hasta lo preocupante. Que Jackie sea capaz de ocuparse de todo esto por su cuenta- Hana suspiró -Vamos, cariño. Te prometo que mañana...-
-No me prometas nada...- bufó -¿De acuerdo? No me prometas absolutamente nada- de mala gana y desanimada, se metió en la cama
-¿Hana...?-
-Llevas prometiéndome cosas desde que soy pequeña. Desde que volviste de esa guerra. Desde que madre murió. Cada noche me has prometido que estarías a mi lado y sin embargo me despierto y lo que encuentro en casa es a Lawrence haciendo el desayuno y al tío Jackie. Me cuenta cosas, me cuida, me compra ropa, me hace compañía... ¿Pero y tú? ¿Dónde estás tú, padre?- Morgan suspiró apesadumbrado -Siempre te ocupas de todo personalmente... Se supone que eres el jefe de todo ¿Por qué siempre tienes que irte?-
-Si quieres que algo se haga bien, cariño, tienes que hacerlo tú mismo... ¿Lo entiendes? El más mínimo error podría llevarnos a la ruina-
-Eso dices siempre... que tienes que hacerlo tú mismo para que todo salga bien...- la niña le miró con dureza -Pero no eres tú quien personalmente está conmigo, ni fuiste tú quien personalmente cuidó a madre ¿Significa eso que es todo culpa tuya?- Morgan se quedó sin palabras, desarmado
-Duerme, tesoro- le dio un ultimo beso en la frente -Mañana será un nuevo día. Te lo aseguro. En todos los aspectos- se marchó hacia la puerta
-Mentiroso...- susurró triste la niña mientras se tapaba con las sábanas. Morgan lo oyó. Cerró la puerta con suavidad al salir de la habitación y frunció el ceño hasta el punto de sentir que le dolía.

El coche avanzaba a través de las calles de Diamond Bay a paso relajado, sin prisa alguna. Dentro del coche reinaba un silencio sepulcral, exceptuando los golpes y murmullos que llegaban desde el maletero de atrás. Morgan se estaba limpiando las manos de sangre con un pañuelo blanco
-¿Te quieres callar de una puta vez?- vociferó Jack hacia atrás
-Por más que le grites, no te obedecerá- dijo Morgan, casi susurrante, con una media sonrisa burlona. Jack conocía esa expresión. Tenía algo en mente y esa idea le intrigó. Jack rió al comprender que lo que el viejo Wallace estaba a punto de experimentar no iba a ser agradable -¿Está viva su mujer?-
-Sí- Jack se encendió un cigarro y dio una calada -Pero tardará en hablar y no volverá a ver con el ojo izquierdo-
-Bien. Espero que sea un buen ejemplo de por qué no hay que intentar negociar con nosotros los términos de nuestra relación de negocios...- llegaron al puerto al cabo de un largo paseo en coche. Fue en el muelle donde bajaron del coche Morgan, Jack, el conductor Perry y Jonah de copiloto. Fue éste último quien bajó a Wallace del capó, maniatado y con el rostro empapado de sangre. No dejaba de agitarse y trataba de gritar, pero un apretado pañuelo en su boca se lo impedía -Tony, Tony, Tony- sonrió Morgan -Viejo amigo, no sabes cuanto me duele tener que estar en esta situación contigo. Me resulta doloroso. Siempre fuiste un buen socio- le quitó el pañuelo -¿Por qué me traicionas? ¿Por qué no quieres pagarme cuando siempre lo has hecho sin quejas?-
-Malnacido- tosió el anciano -Mi nieto está enfermo. Necesito el dinero para pagar sus medicamientos, no he dicho que no vaya a pagarte aún así. Sólo quiero aplazarlo. Señor Drake, por favor...-
-Wallace...- negó con la cabeza Morgan -No sé en qué lugar estudiaste y quién te enseñó modales pero un "Malnacido" y un "por favor" no encajan a la hora de hacer una petición. Además, eres tú quien me debe favores ¿Por qué debería acomodártelo más? ¿Eres consciente de que si tengo mano blanda contigo tendré que tenerla con todos? Esto son negocios, viejo compañero. No se trata de nada personal-
-...Vete a la mierda, Drake. Tú y todos los de tu calaña. Tú y todas esas putas mafias que regáis con sangre las calles de esta ciudad para que crezca el dinero- escupió sangre a la cara de Morgan, el cual se limpió con sumo cuidado con el pañuelo -Si vas a matarme hazlo ya-
-Por nuestra amistad de largos años Wallace voy a darte una oportunidad, pese a todo- hizo una señal a sus hombres -La oportunidad de salir vivo de esta. Sólo demuéstrame tu voluntad y tu fuerza-
-¿Qué quieres decir?-
-Ahora lo verás- sonrió.

En cuestión de minutos, Wallace fue colocado sobre una pequeña barca de madera, encadenado a los extremos y con un cubo en el interior. Le volvieron a colocar la mordaza para que no pidiese ayuda. Perry y Johan lo estaban bajando hacia el agua mientras que Morgan observaba desde el borde del muelle -La barca tiene un agujero- anunció el Don -Se irá llenando paulatinamente de agua, y en tus manos está, nunca mejor dicho, achicar a toda prisa hasta el alba- sacó un reloj de bolsillo para mirar la hora -Unas... cuatro horas- lo guardó de nuevo -Cuestión de voluntad y fuerza Wallace. Serás rescatado por los primeros navegantes de la mañana. Alégrate. Si sales de esta me habrás demostrado que eres un hombre que lucha por su supervivencia y por la de los suyos- una vez la barca estaba en el agua, no tardó en empezar a encharcarse. Los hombres de Morgan empujaron con fuerza la barca para alejarla del muelle y ver como el anciano, con agustia, comenzaba a achicar el agua con dificultad debido a las cadenas. Mientras tanto, Morgan sacó un cigarro y un encendedor zippo para dar unas profundas y lentas caladas. A través del humo, veía cómo Wallace se debatía con determinación para sobrevivir esas cuatro horas, alejándose cada vez más del muelle llevado por la corriente
-El agujero es pequeño- dijo Jack, cruzado de brazos -Lo logrará- observó -¿Y si se chiva a la policía? Está bastante enfadado y cuando descubra lo de su mujer...-
-No lo logrará-
-¿Cómo estás tan seguro? Es viejo, pero se le ve resistente. Cuatro horas es mucho tiempo pero...-
-No lo logrará- concluyó de nuevo Morgan -Desde el principio ha carecido de esperanza y oportunidad-
-No te entiendo- Jack miraba extrañado al lejano Wallace, achicando sin parar
-Por culpa de ese misarable saco de carne, Hana está molesta. Hoy era un día en el que podríamos haber leido algo juntos, haber paseado por los jardines, tomar un refrigerio e incluso ver alguna película o contarle alguna historia divertida. Estar a su lado hasta que se quedara dormida, arroparla y verla descansar con una sonrisa en los labios- dio una profunda calada -Pero no. Tenía que aparecer ese inútil y tocarme los huevos- al hablar el humo salía de su boca en densas bocanadas. Tenía un aspecto casi sobrenatural, como si su voz ardiera -Mi hija y su felicidad vale mucho más que cualquiera de estos gusanos. Más que cualquier cosa en esta ciudad. Jamás perdonaré a nada ni nadie que haga daño a mi hija. Por eso no me perdonaré a mí mismo- miró a Jack -Pero mucho menos a quienes me obligan a hacerle daño- dejó caer el cigarro distraidamente al suelo ante ellos y de pronto se alzó una llamarada. Fue cuando Jack se dio cuenta. Gasolina. Las llamas se extendieron por el corto camino del muelle hasta el mar e, incluso sobre la superficie del agua, se dibujó un camino de llamas azules que se disparaban hacia el bote, que llevaba atado unas garrafas de gasolina que se iban vaciando gradualmente, agujereadas. En cuestión de segundos el fuego alcanzó la barca y ésta comenzó a arder con ferocidad, para posteriormente sufrir un par de estallidos pequeños cuando las garrafas de gasolina reventaron. Desde la distancia vieron a la gimoteante figura de Wallace debatirse y zarandearse para tratar de apagar las llamas, pero éstas le consumirían antes de que la barca se hundiese y lo apagaran
-Eres el diablo- masculló Jack, negando con la cabeza -No se me habría ocurrido-
-El castigo para los enemigos es el miedo y la desesperanza, Jackie- bufó de mal humor -No hay mayor tortura que ofrecerles un terror del que creen que pueden salir. Uno sobrevive cuando es consciente de que no acecha un peligro inminente. El dolor y la desesperación es mucho más grande cuando eres consciente de que se agota tu tiempo a cuando sabes que ya se ha acabado. El enfermo casual teme más que el terminal, un malherido teme más que aquel a quien se le escapa el aliento mientras su corazón se apaga lentamente en segundos. El miedo a perder la única oportunidad de salvar el pellejo es más desgarrador que un puñal. No lo olvides y úsalo como arma- concluyó Morgan -Vámonos de aquí- fueron montándose en el coche uno a uno mientras en la distancia la barca ya se estaba hundiendo y no había signos de movimiento alguno. Pronto se hundiría y las llamas se apagarían por completo, no dejando ni rastro de Wallace
-Se nos ha hecho tarde- apuntó Jack -Pero creo que mañana tendremos que atender unos asuntos con...-
-Ni hablar- terció Morgan furioso -No-
-Pero...-
-No, Jackie- lo miró furibundo -Mañana estaré por y para Hana. No pienso ocuparme de nada-
-No es propio de ti ese pensamiento-
-Te ocuparás de ello- señaló -Sea lo que sea, hazte cargo. Y rápido. Si es algún tipo de problema similar, mánchate las manos de nuevo. Te he dado un claro ejemplo de cómo me gusta hacer las cosas. La sangre entra más rápido que las palabras- sentenció -Y no quiero que se me moleste si no es por algo importante- ante aquellas palabras, Jack comenzó a sonreir muy lentamente
-Claro, Morgan... Déjamelo a mí. Me haré cargo de todo- por fin, había llegado su oportunidad.

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